1. Que fuimos: Niños En Esclavitud
  2. Que Dios hizo: Nos Redimió  (4:4–5).
  • La Trinidad entera está implicada en nuestra experiencia espiritual: Dios el Padre envió a su Hijo para morir por nosotros, y Dios el Hijo envió a Su Espíritu para morar dentro de nosotros.
  • El contraste aquí no es entre niños inmadurez e hijos adultos, sino entre esclavos y hijos.
  • Los contrastes son:
  1. Que somos: Hijos y Heredores
  1. El Hijo tiene la misma naturaleza del Padre, pero el esclavo no la tiene.
    1. El Espíritu Santo que ahorita mora en nosotros significa que somos “participantes de la naturaleza divina (2 Ped. 1:4).”
    1. El creyente que se retira a las obras de la carne está negando la misma naturaleza dentro de él, y está dando la naturaleza vieja (la carne) la oportunidad de obra y controlar.
  1. El Hijo tiene un Padre mientras el esclavo tiene un dueño.
    1. La palabra Abba es una palabra aramea que es semejante a nuestra palabra, “papi.”
    2. Esto demuestra la intimidad entre el hijo y el Padre. Ningún esclavo tiene esto.
  1. El Hijo obedezca de amor mientras el esclavo obedezca de temor.
    1. El Espíritu obra en el corazón del creyente para estimular y aumentar su amor para con Dios (Gál. 5:22; Rom. 5:5).
    2. Los Judaizantes decían a los Gálatas que llegarían ser mejores cristianos por someter a la Ley, pero la Ley nunca podría producir obediencia. Solo amor puede hacer eso (Juan 14:15).

 

  1. El Hijo es rico, mientras el esclavo es pobre.
    1. Y ya que somos adoptados podemos empezar sacar de esa herencia ahorita.
    1. Dios ha hizo disponible para nosotros las riquezas de Su:
      • Gracia (Ef. 1:7; 2:7)
      • Gloria (Fil. 4:19),
      • Bondad (Rom. 2:4),
      • Sabiduría (Rom. 11:33ff)
    1. Todas las riquezas de Dios están encontradas en Cristo (Col. 1:19; 2:3).
  1. El hijo tiene una futura de esperanza, mientras el esclavo no la tiene.
    1. Nuestra adopción no es final, porque estamos todavía esperando la segunda venida de Cristo y la redención de nuestros cuerpos (Rom. 8:23).
    1. Nosotros somos ahorita comprados o redimidos por Cristo y morados por el Espíritu Santo.
    2. Estamos esperando la declaración pública en la segunda venida de Cristo cuando “le veremos tal como él es” (1 Jn. 3:1-3).
    3. La mejor parte de nuestra herencia es aún por venir (1 Ped. 1:1-5).