- Que fuimos: Niños En Esclavitud
- Que Dios hizo: Nos Redimió (4:4–5).
- La Trinidad entera está implicada en nuestra experiencia espiritual: Dios el Padre envió a su Hijo para morir por nosotros, y Dios el Hijo envió a Su Espíritu para morar dentro de nosotros.
- El contraste aquí no es entre niños inmadurez e hijos adultos, sino entre esclavos y hijos.
- Los contrastes son:
- Que somos: Hijos y Heredores
- El Hijo tiene la misma naturaleza del Padre, pero el esclavo no la tiene.
- El Espíritu Santo que ahorita mora en nosotros significa que somos “participantes de la naturaleza divina (2 Ped. 1:4).”
- El creyente que se retira a las obras de la carne está negando la misma naturaleza dentro de él, y está dando la naturaleza vieja (la carne) la oportunidad de obra y controlar.
- El Hijo tiene un Padre mientras el esclavo tiene un dueño.
- La palabra Abba es una palabra aramea que es semejante a nuestra palabra, “papi.”
- Esto demuestra la intimidad entre el hijo y el Padre. Ningún esclavo tiene esto.
- El Hijo obedezca de amor mientras el esclavo obedezca de temor.
- El Espíritu obra en el corazón del creyente para estimular y aumentar su amor para con Dios (Gál. 5:22; Rom. 5:5).
- Los Judaizantes decían a los Gálatas que llegarían ser mejores cristianos por someter a la Ley, pero la Ley nunca podría producir obediencia. Solo amor puede hacer eso (Juan 14:15).
- El Hijo es rico, mientras el esclavo es pobre.
- Y ya que somos adoptados podemos empezar sacar de esa herencia ahorita.
- Dios ha hizo disponible para nosotros las riquezas de Su:
- Gracia (Ef. 1:7; 2:7)
- Gloria (Fil. 4:19),
- Bondad (Rom. 2:4),
- Sabiduría (Rom. 11:33ff)
- Todas las riquezas de Dios están encontradas en Cristo (Col. 1:19; 2:3).
- El hijo tiene una futura de esperanza, mientras el esclavo no la tiene.
- Nuestra adopción no es final, porque estamos todavía esperando la segunda venida de Cristo y la redención de nuestros cuerpos (Rom. 8:23).
- Nosotros somos ahorita comprados o redimidos por Cristo y morados por el Espíritu Santo.
- Estamos esperando la declaración pública en la segunda venida de Cristo cuando “le veremos tal como él es” (1 Jn. 3:1-3).
- La mejor parte de nuestra herencia es aún por venir (1 Ped. 1:1-5).